02/12/07
CHÁVEZ, EL MATÓN DE SUDAMERICA

La megalomanía se define en psiquiatría como la sobre estimación delirante de las propias capacidades. Delirio de grandezas; convicción irracional de la propia riqueza, fama o poder. No es una enfermedad por sí misma mientras no alcanza el nivel de delirio, de obsesión, de carácter claramente patológico.
Según esta definición tal parece que Venezuela tiene como líder político a un paciente psiquiátrico. Y es que Hugo Chávez Frías ha llegado al punto más profundo de su padecimiento al pretender que hoy domingo 2 de Diciembre se legitime por medio del voto popular una reforma constitucional descabella con la cual, él y su todopoderoso criterio, serían los que imprimirían en los venezolanos la “única” forma de ver su realidad.
Se ha escrito y dicho hasta la saciedad que un pueblo que no puede conducir su destino no es un pueblo libre y que sin libertad lo único que es seguro es que se termine por ingresar a un colapso social en el que los más débiles son los que mas sufren al perder la esperanza de gozar de un futuro prometedor.
¿Cómo hacerle entender al dictador que precisamente las libertades son las que hacen que los pueblos progresen, que encuentren estabilidad y justicia?. ¿Cómo hacerle entender que el siglo XXI es el tiempo en que los países deben de dejar de ser islas de soberanía, abandonando el pensamiento medieval, para aspirar a transformar a los integrantes de sus pueblos en ciudadanos del mundo?. ¿Cómo dar a entender a aquellos que aún creen que la única forma de vivir “seguros” es estando sometido al criterio unipolar de un ser prepotente, que ello implica hipotecar su individualidad al mejor postor?.
La reforma elaborada por Chávez en lo retorcido de su mente y maquillada por un congreso sometido a su voluntad, pretende precisamente eso, eliminar las individualidades de las mujeres y hombres de Venezuela, embarcarlos en su socialoide visión de la realidad sin que medie forma alguna de oposición, pues de lo contrario, como él muchas veces lo ha señalado, se estaría actuando “en contra de la revolución”.
Pero, ¿de qué revolución estamos hablando?, tal vez él entiende por revolución a la instauración de nuevas divisiones políticas definidas por lo que ha denominado “geometría del poder”, donde entre comunas, comunidades, municipios, estados, estados insulares, municipios federales, regiones marítimas y cunas, lo único que queda claro es que el megalómano será quien designe a las autoridades por el plazo que determine “la ley”. ¿Y a cual ley se refiere?, pues a la elaborada por sus seguidores en el poder legislativo.
Tal vez entiende por revolución a la reelección indefinida a la que aspira, buscando saciar la idea mesiánica que posee de sí mismo, inspirada en las del dictador cubano, su maestro y mentor. Tal vez será que entiende por revolución a la creación de una serie de formas de “propiedad” que con la supuesta finalidad de cimentar el estado socialista, ridiculiza a la propiedad privada al extremo de considerarla efectiva solo para la ropa, los bienes de consumo y algunos bienes de producción, ignorando burdamente que el 23 de Junio de 1977 el estado venezolano ratificó la Convención Americana de Derechos Humanos, obligándose a respetar entre otros, el derecho a la propiedad privada que hoy, con la pretendida y nefasta reforma se pretende aniquilar.
Según esta definición tal parece que Venezuela tiene como líder político a un paciente psiquiátrico. Y es que Hugo Chávez Frías ha llegado al punto más profundo de su padecimiento al pretender que hoy domingo 2 de Diciembre se legitime por medio del voto popular una reforma constitucional descabella con la cual, él y su todopoderoso criterio, serían los que imprimirían en los venezolanos la “única” forma de ver su realidad.
Se ha escrito y dicho hasta la saciedad que un pueblo que no puede conducir su destino no es un pueblo libre y que sin libertad lo único que es seguro es que se termine por ingresar a un colapso social en el que los más débiles son los que mas sufren al perder la esperanza de gozar de un futuro prometedor.
¿Cómo hacerle entender al dictador que precisamente las libertades son las que hacen que los pueblos progresen, que encuentren estabilidad y justicia?. ¿Cómo hacerle entender que el siglo XXI es el tiempo en que los países deben de dejar de ser islas de soberanía, abandonando el pensamiento medieval, para aspirar a transformar a los integrantes de sus pueblos en ciudadanos del mundo?. ¿Cómo dar a entender a aquellos que aún creen que la única forma de vivir “seguros” es estando sometido al criterio unipolar de un ser prepotente, que ello implica hipotecar su individualidad al mejor postor?.
La reforma elaborada por Chávez en lo retorcido de su mente y maquillada por un congreso sometido a su voluntad, pretende precisamente eso, eliminar las individualidades de las mujeres y hombres de Venezuela, embarcarlos en su socialoide visión de la realidad sin que medie forma alguna de oposición, pues de lo contrario, como él muchas veces lo ha señalado, se estaría actuando “en contra de la revolución”.
Pero, ¿de qué revolución estamos hablando?, tal vez él entiende por revolución a la instauración de nuevas divisiones políticas definidas por lo que ha denominado “geometría del poder”, donde entre comunas, comunidades, municipios, estados, estados insulares, municipios federales, regiones marítimas y cunas, lo único que queda claro es que el megalómano será quien designe a las autoridades por el plazo que determine “la ley”. ¿Y a cual ley se refiere?, pues a la elaborada por sus seguidores en el poder legislativo.
Tal vez entiende por revolución a la reelección indefinida a la que aspira, buscando saciar la idea mesiánica que posee de sí mismo, inspirada en las del dictador cubano, su maestro y mentor. Tal vez será que entiende por revolución a la creación de una serie de formas de “propiedad” que con la supuesta finalidad de cimentar el estado socialista, ridiculiza a la propiedad privada al extremo de considerarla efectiva solo para la ropa, los bienes de consumo y algunos bienes de producción, ignorando burdamente que el 23 de Junio de 1977 el estado venezolano ratificó la Convención Americana de Derechos Humanos, obligándose a respetar entre otros, el derecho a la propiedad privada que hoy, con la pretendida y nefasta reforma se pretende aniquilar.
Aquel líder político que cree que puede someter a su pueblo a los antojos de su sed de poder, a su conducta autoritaria y al abierto desconocimiento de sus derechos fundamentales no puede ser considerado legítimo, incluso si es que ha sido electo válidamente, puesto que más allá del numero de votos, la legitimidad se alcanza cuando en el ejercicio del poder delgado, se dan muestras evidentes de respeto a las libertades ciudadanas, a los derechos humanos, a las individualidades, a las diversas formas de pensamiento y de ideas, al estado de derecho y a la convivencia pacífica.
Chávez esta llevando al pueblo venezolano al colapso, a la división antagónica y al funeral de su democracia, al pretender instaurar un sistema socialista anacrónico, que ha demostrado carecer de la efectividad necesaria para lograr el desarrollo de los pueblos, la inclusión social y el bienestar general, donde él y solo él lo controlaría todo, incluso lo que deben pensar los venezolanos, a sus autoridades, lo que deben de consumir, la forma de trabajar e incluso el precio de las cosas (puesto que también la reforma pretende darle poderes supremos en el manejo monetario), además de intoxicarlos diariamente con sus patológicos delirios de omnipotencia y con la idea de que su presencia en el poder es la única forma de garantizar el bienestar de la nación.
Quien no piense como él será señalado como traidor a la revolución y si dicho “disidente” es extranjero, será expulsado, se romperán relaciones diplomáticas a propio antojo e incluso se confiscarán inversiones. No hay que olvidar que el matón ha amenazando con cortar suministros de combustible a aquellos países que considera enemigos de sus ideas.
Hoy 2 de Diciembre es una día decisivo para los venezolanos pues mas allá de decidir si un texto constitucional reemplaza a otro anterior lo que se esta jugando es la vigencia de las pocas libertades que quedan, la individualidad de sus ciudadanos, la libre determinación del pueblo, el derecho a aspirar a la propiedad privada y a una convivencia social civilizada. Demás está decir que el efecto de lo que se decida hoy en Venezuela se reflejará también en los que no somos venezolanos, puesto que se estaría oficializando la lesión a derechos fundamentales que actualmente trascienden fronteras y son inherentes a la condición humana. Ojalá que no se permita al matón lograr su cometido.
Aquí el texto de la pretendida reforma.
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